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La insopotable levedad del insoportable

Los gurús están en todas partes. Cuando menos te lo esperas te asaltan desde cualquiera de los múltiples callejones de internet.

Te atrapan con sus buenas formas, con su palabrería 2.0 (o 3.0, que hay visionarios de todo pelaje) y con su Mensaje. Así, en mayúsculas. Porque tienen uno. Muy importante y genuino. Tanto que lo comparten con el 73% de los visionarios interneteros del mundo.

Ellos saben qué es la “próxima cosa grande” (discúlpenme pero al traducir literalmente del inglés la expresión está más cerca del porno alemán de mediados de los 70 que de un discurso coherente). Conocen su forma, su repercusión y, sobre todo, como sacarle provecho.

Pero en cuanto analizas un poco su teoría no deja de ser un cúmulo de lugares comunes, resultados predecibles y frases grandilocuentes extraídas directamente de los peores libros de autoayuda del mercado.

Es algo similiar al inquietante caso de los evangelistas del emprendimiento: que han convertido en su negocio los deseos de negocio ajenos.

A mi, tanto en un caso como en otro, cada vez me da más pereza seguirlos. Me esfuerzo por darles un voto de confianza, por esperar la sorpresa. Pero oye, que no hay manera.

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Mensajes desde el más allá

No, no voy a hacer la reseña de alguna película de bajo presupuesto. Voy a hablar de algo todavía más sobrenatural que el cine de serie Z: las redes sociales como ouija postmoderna.

Os cuento: hace mucho, mucho tiempo, cuando aún tenía el pelo en su sitio y creía que el ser humano no era una saco de iniquidades, llegué a tener un grupo de excelentes amigos. Ya sabéis, esa gente con la que crees que la amistad durará toda la vida.

Pero el destino es muy puñetero, los espacios entre las cartas (sí, vengo de esa analógica época oscura pre-email) se dilataban en el tiempo cada vez más y el contacto se perdió.

Seguí mi vida como si tal cosa. Viví, me enamoré, aprendí un oficio (o dos o tres)… hasta que llegó Facebook. Y los he vuelto a encontrar.

Acabo de mandarles un mensaje privado, sin saber muy bien con qué intención, porque seguramente ellos, los de ahora, ya no son los de entonces. Ni yo tampoco.

El hecho cierto es que han vuelto, como fantasmas del pasado emboscados en un perfil privado. Sin internet, sin las redes, sin todo esto que es hoy tan cotidiano hubiese sido casi imposible y fijáos, lo que hace unso años hacía Lobatón con un ingente equipo me lo ha resuelto ahora un simple click.

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Septiembre sigue siendo mi principio de curso :D

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Odio trabajar para mi mismo. Ser cliente puñetero y creativo intransigente al mismo tiempo me deja sin saber por dónde empezar.

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Ya está, ya nos hemos liado la manta: @manoloruiz , @sipuedo y yo ahora somos www.geekia.es . Seguidnos, leednos y compartidnos!!!!

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Agh, no me han dejado poner en un botón de “me gusta” un descriptivo “me he hecho caquita” ¿quién no pincharía en un botón así? :D

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Señores, sincronicen sus relojes.

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Cuando para explicar un disclamer para un mail acabas cantando a coro la canción de Gizmo es que estás mal, pero mal :D

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¡Que me he liado la manta a la cabeza!

Si es que me conozco. Y sabía que no podría mantenerme por mucho tiempo quietecito.

geekia

Así que no me he sorprendido demasiado a mi mismo cuando me he encontrando embarcado en la apasionante aventura de convertir geekia en mi forma de vida. Veremos que retos me depara.