A TEXT POST

Realidad Aumentada, de Bruno Nievas

Es una novela tremendamente divertida. Eso es indiscutible. Además, resulta muy fácil de leer: la trama se desarrolla de forma fluida sin tiempos muertos y casi sin descanso. Estas ya son características para que Realidad Aumentada sea tenida en cuenta.

Sin embargo, no hay que empezarla con unas altas expectativas: es una novela honesta que no pretende tener más objetivo que hacer pasar al lector un rato entretenido.

Buscar profundidad en unos personajes arquetípicos que sólo están ahí para cumplir su función o una gran coherencia a un argumento lleno de clichés sólo llevará a la decepción.

La historia está narrada de forma muy irregular, con pasajes excepcionales junto a otros francamente mediocres. Algunos recursos están demasiado explotados (por ejemplo, cada frase con doble sentido de cualquier personaje vendrá acompañada de un insufrible guiño) y los personajes muestran en ocasiones grandes contradicciones (el protagonista, sin ir más lejos, se nos presenta como un científico cerebral y frío y sin embargo padece una hipersensibilidad tal que haría parecer a Juan Ramón Jiménez un cabo de la Legión).

Los diálogos son en muchos casos forzados e incluso no es raro encontrarse construcciones gramaticales, digamos, al margen de la norma.
No estamos ante una novela de extrema calidad. No es Clark, Bradbury o Asimov. No es King. Por ahora, claro.

Creo que es evidente que la magnífica acogida de la novela tiene mucho que ver con la reputación que Bruno Nievas se ha labrado en las redes sociales. Su esfuerzo por publicar una novela rechazada por las editoriales y su buen talante hacia los internautas, además de su lucha por conseguir precios ajustados para los ebooks han ganado muchas de esas estrellas en las valoraciones.

Esta es una prometedora ópera prima, pero no una gran obra maestra. Ni falta que le hace.

Opinión en Amazon.

A TEXT POST

La insopotable levedad del insoportable

Los gurús están en todas partes. Cuando menos te lo esperas te asaltan desde cualquiera de los múltiples callejones de internet.

Te atrapan con sus buenas formas, con su palabrería 2.0 (o 3.0, que hay visionarios de todo pelaje) y con su Mensaje. Así, en mayúsculas. Porque tienen uno. Muy importante y genuino. Tanto que lo comparten con el 73% de los visionarios interneteros del mundo.

Ellos saben qué es la “próxima cosa grande” (discúlpenme pero al traducir literalmente del inglés la expresión está más cerca del porno alemán de mediados de los 70 que de un discurso coherente). Conocen su forma, su repercusión y, sobre todo, como sacarle provecho.

Pero en cuanto analizas un poco su teoría no deja de ser un cúmulo de lugares comunes, resultados predecibles y frases grandilocuentes extraídas directamente de los peores libros de autoayuda del mercado.

Es algo similiar al inquietante caso de los evangelistas del emprendimiento: que han convertido en su negocio los deseos de negocio ajenos.

A mi, tanto en un caso como en otro, cada vez me da más pereza seguirlos. Me esfuerzo por darles un voto de confianza, por esperar la sorpresa. Pero oye, que no hay manera.

A TEXT POST

Mensajes desde el más allá

No, no voy a hacer la reseña de alguna película de bajo presupuesto. Voy a hablar de algo todavía más sobrenatural que el cine de serie Z: las redes sociales como ouija postmoderna.

Os cuento: hace mucho, mucho tiempo, cuando aún tenía el pelo en su sitio y creía que el ser humano no era una saco de iniquidades, llegué a tener un grupo de excelentes amigos. Ya sabéis, esa gente con la que crees que la amistad durará toda la vida.

Pero el destino es muy puñetero, los espacios entre las cartas (sí, vengo de esa analógica época oscura pre-email) se dilataban en el tiempo cada vez más y el contacto se perdió.

Seguí mi vida como si tal cosa. Viví, me enamoré, aprendí un oficio (o dos o tres)… hasta que llegó Facebook. Y los he vuelto a encontrar.

Acabo de mandarles un mensaje privado, sin saber muy bien con qué intención, porque seguramente ellos, los de ahora, ya no son los de entonces. Ni yo tampoco.

El hecho cierto es que han vuelto, como fantasmas del pasado emboscados en un perfil privado. Sin internet, sin las redes, sin todo esto que es hoy tan cotidiano hubiese sido casi imposible y fijáos, lo que hace unso años hacía Lobatón con un ingente equipo me lo ha resuelto ahora un simple click.

A TEXT POST

Septiembre sigue siendo mi principio de curso :D

A TEXT POST

Cuando para explicar un disclamer para un mail acabas cantando a coro la canción de Gizmo es que estás mal, pero mal :D

A TEXT POST

Odio trabajar para mi mismo. Ser cliente puñetero y creativo intransigente al mismo tiempo me deja sin saber por dónde empezar.

A TEXT POST

Ya está, ya nos hemos liado la manta: @manoloruiz , @sipuedo y yo ahora somos www.geekia.es . Seguidnos, leednos y compartidnos!!!!

A TEXT POST

Señores, sincronicen sus relojes.

A TEXT POST

Agh, no me han dejado poner en un botón de “me gusta” un descriptivo “me he hecho caquita” ¿quién no pincharía en un botón así? :D

A TEXT POST

¡Que me he liado la manta a la cabeza!

Si es que me conozco. Y sabía que no podría mantenerme por mucho tiempo quietecito.

geekia

Así que no me he sorprendido demasiado a mi mismo cuando me he encontrando embarcado en la apasionante aventura de convertir geekia en mi forma de vida. Veremos que retos me depara.