Realidad Aumentada, de Bruno Nievas
Es una novela tremendamente divertida. Eso es indiscutible. Además, resulta muy fácil de leer: la trama se desarrolla de forma fluida sin tiempos muertos y casi sin descanso. Estas ya son características para que Realidad Aumentada sea tenida en cuenta.
Sin embargo, no hay que empezarla con unas altas expectativas: es una novela honesta que no pretende tener más objetivo que hacer pasar al lector un rato entretenido.
Buscar profundidad en unos personajes arquetípicos que sólo están ahí para cumplir su función o una gran coherencia a un argumento lleno de clichés sólo llevará a la decepción.
La historia está narrada de forma muy irregular, con pasajes excepcionales junto a otros francamente mediocres. Algunos recursos están demasiado explotados (por ejemplo, cada frase con doble sentido de cualquier personaje vendrá acompañada de un insufrible guiño) y los personajes muestran en ocasiones grandes contradicciones (el protagonista, sin ir más lejos, se nos presenta como un científico cerebral y frío y sin embargo padece una hipersensibilidad tal que haría parecer a Juan Ramón Jiménez un cabo de la Legión).
Los diálogos son en muchos casos forzados e incluso no es raro encontrarse construcciones gramaticales, digamos, al margen de la norma.
No estamos ante una novela de extrema calidad. No es Clark, Bradbury o Asimov. No es King. Por ahora, claro.
Creo que es evidente que la magnífica acogida de la novela tiene mucho que ver con la reputación que Bruno Nievas se ha labrado en las redes sociales. Su esfuerzo por publicar una novela rechazada por las editoriales y su buen talante hacia los internautas, además de su lucha por conseguir precios ajustados para los ebooks han ganado muchas de esas estrellas en las valoraciones.
Esta es una prometedora ópera prima, pero no una gran obra maestra. Ni falta que le hace.
