Mensajes desde el más allá
No, no voy a hacer la reseña de alguna película de bajo presupuesto. Voy a hablar de algo todavía más sobrenatural que el cine de serie Z: las redes sociales como ouija postmoderna.
Os cuento: hace mucho, mucho tiempo, cuando aún tenía el pelo en su sitio y creía que el ser humano no era una saco de iniquidades, llegué a tener un grupo de excelentes amigos. Ya sabéis, esa gente con la que crees que la amistad durará toda la vida.
Pero el destino es muy puñetero, los espacios entre las cartas (sí, vengo de esa analógica época oscura pre-email) se dilataban en el tiempo cada vez más y el contacto se perdió.
Seguí mi vida como si tal cosa. Viví, me enamoré, aprendí un oficio (o dos o tres)… hasta que llegó Facebook. Y los he vuelto a encontrar.
Acabo de mandarles un mensaje privado, sin saber muy bien con qué intención, porque seguramente ellos, los de ahora, ya no son los de entonces. Ni yo tampoco.
El hecho cierto es que han vuelto, como fantasmas del pasado emboscados en un perfil privado. Sin internet, sin las redes, sin todo esto que es hoy tan cotidiano hubiese sido casi imposible y fijáos, lo que hace unso años hacía Lobatón con un ingente equipo me lo ha resuelto ahora un simple click.