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La insopotable levedad del insoportable

Los gurús están en todas partes. Cuando menos te lo esperas te asaltan desde cualquiera de los múltiples callejones de internet.

Te atrapan con sus buenas formas, con su palabrería 2.0 (o 3.0, que hay visionarios de todo pelaje) y con su Mensaje. Así, en mayúsculas. Porque tienen uno. Muy importante y genuino. Tanto que lo comparten con el 73% de los visionarios interneteros del mundo.

Ellos saben qué es la “próxima cosa grande” (discúlpenme pero al traducir literalmente del inglés la expresión está más cerca del porno alemán de mediados de los 70 que de un discurso coherente). Conocen su forma, su repercusión y, sobre todo, como sacarle provecho.

Pero en cuanto analizas un poco su teoría no deja de ser un cúmulo de lugares comunes, resultados predecibles y frases grandilocuentes extraídas directamente de los peores libros de autoayuda del mercado.

Es algo similiar al inquietante caso de los evangelistas del emprendimiento: que han convertido en su negocio los deseos de negocio ajenos.

A mi, tanto en un caso como en otro, cada vez me da más pereza seguirlos. Me esfuerzo por darles un voto de confianza, por esperar la sorpresa. Pero oye, que no hay manera.